En un rincón perdido del mar vivía feliz un banco de pececillos. Eran todos rojos. Solo uno de ellos era tan negro como la concha de un mejillón. Nadaba más rápido que sus hermanos y hermanas. Se llamaba Nadarín.
La unión hace la fuerza y el pez chico no siempre ha de temer al grande. Un clásico recuperado lleno de riqueza cromática para abordar también la superación de los miedos y el valor de la diversidad.


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